República Dominicana
 

La isla de Santo Domingo fue descubierta por Cristóbal Colón durante su primer viaje en 1492. Ocupada desde por lo menos hasta el año 4000 antes de Cristo por sociedades selváticas primero y luego por sociedades agricultoras, entre las cuales se destacan las culturas taína, macorix y ciguaya, fue rápidamente conquistada y ya en el segundo viaje Colón, quien había fundado en su primer viaje una fortaleza que llamó La Navidad destruida por los indígenas, funda la villa de La Isabela en los inicios del año 1494 o tal vez en diciembre de 1493.

La conquista trajo consigo la forma y los modos de vida hispanos, nuevas maneras de explotar el medio, siendo el azúcar, la ganadería y la explotación del oro, fuentes primordiales de la conquista, para cuya extracción se utilizó la mano de obra indígena y un poco más tarde, la mano de obra esclava africana.

A mediados del siglo XVI la sociedad de la isla entró en decadencia. Las ciudad hades fundadas por Fray Nicolás de Ovando se convirtieron en puntos casi sin importancia, y ya a comienzos del siglo XVII, la isla, en la cual el proceso de mulatización fue creciente, vivía de la ganadería, el contrabando y fundamentalmente la agricultura de sustentación. El proceso que lleva a la isla de Santo Domingo, llamada por Colón La Española, a dividirse en dos espacios políticos, sociales y étnicos diferentes, tiene sus orígenes en las devastaciones de las poblaciones de la costa norte de la isla por decisión del rey Felipe III de España en 1605 y 1606, con la finalidad de evitar la influencia protestante de los comerciantes y marinos de países opuestos a la monarquía española, las poblaciones fueron reducidas hacia el centro de la isla, dejando grandes zonas despobladas que fueron aprovechadas por Francia para ocupar el territorio occidental de la isla desde varios puntos de las Antillas y en connivencia con las sociedades piratas y bucaneros que se habían asentado ya, desde mediados del siglo XVII en la isla de la Tortuga.

Frente al vacío producido por las devastaciones de la costa, Francia fue tomando el espacio abandonado por España, creando en la parte occidental de la isla la colonia francesa de Saint Domingue, la cual se constituyó en un centro productor de azúcar en el cual se llegaron a utilizar más de medio millón de esclavos negros, considerándose dicha colonia como la más productiva de las colonias francesas de la época.

La parte oriental de la isla quedó en manos de España, y la frontera entre las dos zonas fue considerada definitiva con el tratado de Ryswick, firmado en 16.... Dicha fronterización creaba dos zonas culturales: una al oeste de la isla, con unos 27.000 kilómetros cuadrados, en donde la plantación azucarera estaba en mano de la burguesía francesa y de una parte mulatizada de la población esclavista.

La parte oriental de base y lengua castellana y en posesión de España, con grandes ingredientes de mezcla racial producto de la esclavitud también existente en ella, se diferenció desde un principio culturalmente de la parte occidental. Pese al abandono y la pobreza generados por la poca importancia que España daba a esta parte de la isla sobre la cual dominaba, la ganadería producía recursos de subsistencia, lo mismo que el corte de maderas, los sembradíos de añil y los trapiches, siendo la venta de cueros de suma importancia. A finales del siglo XVIII la población de la parte “española” de la isla era en más de un 80 por ciento mulata.

A finales del siglo XVIII se inician los aprestos de le rebelión esclava que en 1804 proclama la parte occidental de la isla como República de Haití. En 1795 España, mediante el tratado de Basilea, cede a Francia la parte oriental. La lucha de los esclavos de la parte occidental se reflejará en la parte oriental, de lengua española, y el conflicto estalla cuando los líderes haitianos consideran que la parte oriental, bajo el control de Francia, es un peligro para su naciente república. La parte oriental, que sería luego República Dominicana, es invadida varias veces a principios del siglo XIX por las tropas haitianas, sin conseguir unir o anexarse el territorio.

La ocupación francesa de la parte oriental, al mando del general napoleónico Ferrand, se vio frustrada cuando en 1809 la tropas dominicanas, aunadas en torno al terrateniente Juan Sánchez Ramírez, se levantan contra la ocupación francesa, vencen a las tropas francesas en la batalla de Palo Hincado, y sitian la ciudad de Santo Domingo con el apoyo de buques ingleses en ese momento aliados de España.

El movimiento de la llamada “Reconquista” se hacía para volver al seno de España. El fracaso de la anexión o retorno a España sumió la población en una inactividad total que ha sido denominada como “período de la España Boba”. Sólo en 1821, luego del abandono a que España sometía la parte oriental que pidiera su apoyo, parte de la sociedad de “notables” trató de crear una independencia bajo la orientación del Lic. José Núñez de Cáceres, quien declaró la primera república con tan poco éxito que el territorio oriental de la primera República Dominicana, fue invadido por el vecino estado de Haití.

En 1822, el régimen haitiano decidió nuevamente un intento de unificación de la isla, y la parte oriental fue invadida por el General Jean Pierre Boyer, a la sazón presidente de Haití. La lucha de los haitianos contra la Francia napoleónica, con la que consiguen la libertad y crean la primera república negra conocida, mantuvo siempre al criterio de que la isla debía ser “una e indivisible” como lo proclamara su líder Toussaint Louverture.

La ocupación haitiana de la parte oriental, con un territorio más rico, más productivo y con una población más ligada a los valores europeos que la del reciente estado de Haití, constituyó en principio una forma de entendimiento que luego se transformaría en una confrontación de identidades. Por otra parte la creciente pequeña burguesía dominicana consideraba irresistible compartir los impuestos que Francia había exigido al pueblo haitiano para reconocer su independencia, impuestos que sobrecargaban a los habitantes de la parte oriental..

En 1838, Juan Pablo Duarte y un grupo de dominicanos fundan la Sociedad llamada La Trinitaria, con la cual se agilizan los aprestos para la rebelión contra el dominio haitiano. La juventud dominicana del momento abrazó la causa dominicana, y la noche del 27 de febrero de 1844, en la frontera oeste de la ciudad de Santo Domingo y en las puertas llamadas de La Misericordia y de El Conde, baluartes del período hispano, se lanza el grito de Independencia y se proclama la nación. Ramón Matías Mella y Castillo, y Francisco del Rosario Sánchez, ante la ausencia de Duarte, exiliado por el régimen haitiano dominante, integran la primera esperanza de libertad dentro del territorio dominicano.

La lucha contra Haití señala la consolidación del Estado dominicano ya desde 1844. Una vez iniciada la guerra de independencia la República se organiza constitucionalmente y diversos períodos constitucionales marcados por golpes de Estado, inestabilidades políticas e intentos anexionistas, caracterizan el período hasta 1861, año en el que el General Pedro Santana, apoyado por un sector recalcitrante de la sociedad dominicana, logra nuevamente la anexión de la República a España. Habiendo sido uno de los principales gestores de la Independencia, Santana termina sus años como aliado a la causa de la anexión de la República a España.

La conciencia de una identidad cultural dominicana y de una identidad nacional bien establecidas, promueve durante los años siguientes la necesidad de recuperación de la condición de República. Bajo el liderazgo del General Gregorio Luperón, se inicia en 1863 la guerra de guerrillas contra España, la cual culmina en 1865 con el desastre total de las tropas de Isabel II y con la aceptación de la independencia dominicana. A partir de este período la República, tambaleante, se debate en luchas intestinas, en intentos de anexión a los nacientes aprestos expansionistas de los Estados Unidos, los que en el cuarto final del siglo XIX intentan anexarse, por acuerdos con gobiernos nacionales muchas veces de facto, territorios como la Bahía de Samaná, importantes para sus próximas estrategias de dominación en el área del Caribe. En 1878, la sociedad dominicana rechaza públicamente los aprestos de anexión y revela, según el polígrafo dominicano Pedro Henríquez Ureña, la presencia consolidada de nuestra naciente “identidad nacional”.

El último cuarto del siglo XIX estuvo signado por los gobiernos dictatoriales de Ulises Heuraux, por el endeudamiento publico, y por un férrea visión gubernamental de los problemas sociales. Asesinado el dictador Heuraux en 1898, se produjeron cambios importantes en la vida social dominicana. Los préstamos y endeudamientos con los Estados Unidos de Norteamérica culminaron en un control aduanero por parte de los mismos, y por una intervención de la marina de aquel país que comienza en 1916 y que se extendió hasta 1924, fecha en la que retorna al poder uno de los caudillos anteriores a la intervención, el General Horacio Vásquez.

Enfermo, agotado, Vásquez es traicionado por el Jefe del Ejército, su compadre el Brigadier Rafael Leonidas Trujillo Molina, quien durante treinta y un años gobernará férreamente el país, impondrá el terror, generará importantes riquezas a su favor, y organizará la administración pública, creando además importantes proyectos de construcción y saneamiento en muchas zonas del país. La dictadura de Trujillo, apoyada por los Estados Unidos de Norteamérica, una de las más sangrientas que las que se tengan noticias, creó sus parámetros de identidad reviviendo la visión de Haití como en enemigo nacional por excelencia, y organizando la cultura en torno a una visión que se asentaba en los valores hispanos, olvidando el carácter mestizo de la población.

En 1937 Trujillo ordenó una “limpieza étnica” en la que fueron asesinados entre 8000 y 15000 haitianos residentes en el país, una especie de venganza histórica que propiciaron sus áulicos. Luego de importantes invasiones que desde 1949, y luego en 1959, conformaron agresiones armadas fracasadas, y después de una toma de conciencia de la juventud dominicana agrupada en movimientos revolucionarios de varias tendencias mientras la dictadura se debilitaba por múltiples razones sociales, Trujillo fue asesinado la noche del 30 de mayo de 1961 por ex amigos y antitrujillistas unidos, asumiendo el poder el presidente Joaquín Balaguer, quien había salido del país perseguido por la presión popular que rechazaba su presencia como último representante político del dictador.

 
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